OBISPO MANUEL UMAÑA SALINAS (1876 - 1964)

Don Manuel Umaña Salinas nació en la ciudad de San Francisco de Limache, en el año 1876. Alto delgado, contrajo matrimonio con Mercedes Gutiérrez, quien le acompaña en el largo ministerio que el Señor le tenía preparado.

 

En la primera Iglesia de Santiago secunda al Pastor Leyton en calidad de secretario y luego le sucede, en 1910, cuando éste debe dejar el cargo por enfermedad. Le corresponde iniciar una dura tarea de predicar el Evangelio en el Chile que considera “hereje” toda manifestación religiosa que no sea oficial.

 

Incansable, fervoroso, sufrido y guiado por el Espíritu del Señor, forma una escuela de predicadores metodistas pentecostales aguerridos, disciplinados, decididos a extender el mensaje de las buenas nuevas por todo el territorio nacional. A Él Dios entrego la profecía de “Chile para Cristo”.

 

 

En estos momentos difíciles comienzos, el Obispo Umaña fue instrumento clave en las manos del Señor y, en 1933, luego del cisma que sufriera la Iglesia, es honrado como Superintendente General de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile, cargo con el cual la dirige hasta 1950, cuando la Conferencia Anual de Tomé es ungido Obispo de esta magna Iglesia, siendo a la vez el primer Obispo Pentecostal chileno.

 

Su administración, como Superintendente General y luego como Obispo, da cuenta de una enorme bendición, formando Pastores, estableciendo Iglesias, ganando millares de almas para el Señor y entregando una doctrina que es Metodista Pentecostal; fiel a sus principios y disciplinas de la Iglesia Metodista que fundara Juan Wesley, pero vigorosa en el Espíritu, ardiente en el Señor, pues da amplia libertad a toda las manifestaciones del Espíritu Santo, conforme a las Sagradas Escrituras y en especial los Hechos de los Apóstoles, Capitulo 2.

 

Se preocupa de enviar obreros a la República de Argentina; de establecer Iglesias en el norte, centro y sur del país; establece normas y procedimientos, inspirados en el Espíritu Santo, que han servido de guía para el trabajo no solo de nuestra Iglesia, sino de todas la Iglesias evangélicas pentecostales del país.

 

Sufrió de hambre, humillaciones, persecuciones, agravios, calumnias, injurias y muchas pruebas; no fueron pocos los que le defraudaron y abandonaron en el camino, formando otras corporaciones; pero supo mantenerse firmes por la Fe, confiando en su Señor, en aquel que un día le llamo para ser fundador de esta gran y bendita Iglesia.

 

Tuvo el privilegio de presidir el Cincuentenario de la Corporación y ver el fruto de una Iglesia grande, extendida, numerosa en fieles, que respondía al gran sacrificio con que había realizado su trabajo, conjuntamente con su abnegada esposa, Diaconisa Mercedes Gutiérrez de Umaña.

 

Fue llamado a la presencia del Señor en la madrugada del 2 de agosto de 1964, recibiendo homenaje póstumo de la Iglesia y las más altas autoridades del país.

 

Hermoso testimonio entrego Dios por un Pastor de otro Iglesia, quien esa noche fue llevado al Reino de los Cielos, donde vio los preparativos para recibir a un general. Y al verlo llegar y ver los honores, reconoció al Obispo Umaña, quien venía en un imponente carruaje, pero con la guerrera traspasada por las balas. Al otro día escucho que nuestro Obispo Manuel había partido.

 

Palabras faltan para recordar a este gran hombre de Dios. Tal vez las apropiadas sean: instrumento escogido por Dios, profeta, Pastor de Almas y Obispo Metodista Pentecostal, en resumen: una vida consagrada al servicio de Dios. Amén.

Obispo Manuel Umaña Salinas junto a nuestra Diaconisa Mercedes Gutierrez de Umaña
Obispo Manuel Umaña Salinas junto a nuestra Diaconisa Mercedes Gutierrez de Umaña